Construir "Minorías Creativas" en la Universidad

Enrique Lluch Frechina
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Me han pedido que hable sobre la posibilidad de una “minoría creativa” universitaria en Valencia, lo que supone un reto sugerente, no solo por identificar a qué nos referirnos cuando hablamos de “creativa” como por pensar cómo lograr esta minoría que busque hacer las cosas de otra manera. Por ello voy a comenzar a hablar sobre el apelativo “creativa”. Cuando hablamos de jóvenes creativos son aquellos que buscan afrontar los desafíos que presentan sus vidas y la sociedad de una manera nueva, acorde con los tiempos que les toca vivir y eficaz para lograr una transformación a mejor. Esta creatividad no debe entenderse mal, como sucede a menudo, y confundir creativo con nuevo o diferente. Las maneras creativas de afrontar situaciones que siempre se dan y se han dado (aunque su envoltura actual sea distinta), no son las novedosas o las diferentes por si mismas, sino aquellas que saben ajustarse a los tiempos que corren y encuentran las mejores maneras de afrontarlas.

Para ello hay que tener en cuenta dos cuestiones esenciales. La primera es que la esencia de los desafíos actuales no es diferente a la que tenían los desafíos de las personas de hace varias centurias o milenios. La forma que toman es diferente, la tecnología que se cuenta para afrontarlos es distinta, la sociedad en la que se dan ha evolucionado, pero la esencia de los desafíos es la misma. Por lo tanto, las aportaciones creativas tienen que basarse a su vez en unos valores, en unos soportes éticos similares a los que utilizaron minorías creativas en el pasado. Esto nos lleva a la primera conclusión que quiero exponer en este artículo. La creatividad debe partir de una convicción profunda, de un análisis de la situación que se afronta a partir de unos determinados valores. Es difíci encontrar jóvenes universitarios creativos sin que estén bien formados, sin que tengan una consistencia en su pensamiento que les haga orientar sus conocimientos en una dirección adecuada.

La segunda cuestión a tener en cuenta es pensar sobre el lugar en el que podemos encontrar o formar a estos jóvenes universitarios. En nuestros grupos cristianos hay jóvenes que dejan el instituto para entrar en la Universidad. Con frecuencia, los más comprometidos de nuestros jóvenes llegan a la Universidad muy ligados a las actuaciones en su parroquia, especialmente a grupos juveniles de los que pasan a ser responsables y monitores. Esta circunstancia, que puede ser y es positiva, puede dejar de serlo cuando este compromiso no les deja tiempo para profundizar en las implicaciones sociales, personales, políticas y culturales que puede derivarse de sus estudios universitarios. Cuando esto sucede, el grupo juvenil, la actividad de la parroquia se convierte en un alargamiento de la infancia y la adolescencia. Por un lado siguen con su grupo juvenil y por el otro van a la Universidad. Son dos realidades paralelas, una de ocio y compromiso religioso y otra en la que forjan su futuro profesional y vocacional. Cuando tienen que dar el paso definitivo a la vida adulta no han trabajado la espiritualidad de su vocación, de su trabajo, no saben encarnar su fe en aquello que va a ser su labor, solamente saben hacerlo en sus grupos juveniles o parroquiales que tienen que dejar atrás porque su evolución vital se lo exige.

Por todo ello, necesitamos ofrecer a estos chavales que siguen en nuestras parroquias y que llevan nuestros grupos juveniles espacios, huecos en los que formarlos en el compromiso social de su vocación vital, en cómo encarnar su fe en sus estudios, en su vocación universitaria. Hay que formar a estos chavales para que vivan su fe en su labor profesional, para que encuentren la manera de entender su día a día fuera de la parroquia y de sus grupos juveniles. Para ello no es necesario que se dejen su labor de monitores, pero sí que hay que dejarles tiempo y espacios libres, porque el tiempo es un bien limitado que no se puede estirar. Si tienen todo ocupado en las cuestiones de la parroquia o del grupo y en los estudios, no pueden formarse para su futuro y va a ser difícil construir esas minorías creativas que necesitamos para afrontar las nuevas modalidades de los perennes desafíos ante los que nos enfrentamos las personas.