Preguntas para el Dr. D. Alberto Soler Montagud, un médico pediatra que redireccionó su vocación hacia la salud mental


D. Alberto Soler Montagud actualmente es médico en Valencia, donde ejerce en el ámbito de la Salud Mental. Es miembro Extraordinario de la SPCV (Sociedad de Psiquiatría de la Comunidad Valenciana) y de la ASEPP (Asociación Española de Psiquiatría Privada). Curiosamente, la especialidad que realizó cuando finalizó la carrera de Medicina fue la Pediatría y, posteriormente, la Medicina Familiar y Comunitaria, disciplinas que ejerció en Alcàntera y Beneixida hasta la década de los años noventa.

¿Qué es la salud mental? ¿Cómo la podríamos definir?
La OMS (Organización mental de la Salud) define genéricamente a la Salud como un estado de «completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades», y específicamente a la Salud Mental como un «estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad» sin que ninguna enfermedad que afecte a su bienestar emocional y psicológico.

- El título de su página web es “Psiquiatría sin prejuicios”. ¿Es difícil superar los prejuicios en esta materia?
Si bien una inmensa mayoría de la población está familiarizada con ciertos términos como ansiedad, depresión, esquizofrenia o trastorno obsesivo compulsivo (por poner tal sólo unos ejemplos), sólo muy pocos serían capaces de aproximarse a una descripción acertada de cada uno de estos trastornos, y ni siquiera imaginar los efectos que estos padecimientos llegan a ocasionar a quienes los sufren. La enfermedad mental ha sido tradicionalmente menospreciada y confinada al terreno de lo irracional. Desde tiempos inmemoriales recae un estigma sobre estas patologías y es común en casi todas las culturas que la sociedad emita juicios negativos sobre quienes las padecen. Algo así como si las enfermedades mentales fueran motivo de vergüenza y debieran mantenerse ocultas.

A diferencia de otras ramas de la medicina, los pacientes que atiende la psiquiatría son seres humanos que, independientemente de cual sea su proceso y el nombre que se le asigne a su enfermedad, tienen todos en común el hecho de haber dejado de ser felices. Por ello, así como en traumatología no es estrictamente necesario que surja un sentimiento empático entre el paciente y el profesional (lo ideal sería que este sentimiento surgiera siempre) sino sólo que el médico haga un buen trabajo con sus manos y sus conocimientos para reducir una fractura, en las enfermedades mentales es necesario que surja un vínculo terapéutico entre el profesional y el paciente, algo decisivo para que éste recobre la salud, el bienestar, la calidad de vida y en suma, su capacidad perdida para ser feliz. La psiquiatría no es una disciplina que pueda ejercerse de un modo rutinario, mecánico o impersonal.

- ¿Complejo y difícil ir “todos juntos por la curación del ser humano”?
No debería serlo. La curación de una enfermedad siempre debería ser el resultado de un proceso multidisciplinar en el que además de los factores médicos, intervengan los sociales, la adaptación a las costumbres y cultura del enfermo y fomentar las posibilidades de acceso a la atención sanitaria por parte de todos los ciudadanos. El camino que conduce a la curación de un ser humano enfermo no es labor exclusiva del profesional sanitario sino de toda la sociedad.

- ¿Un portazo en las narices a todos aquellos que se exigen a sí mismos y a los demás ser “perfectos” (hiperperfectos/as, pluscuamperfectos/as)?
Considero que aspirar a la perfección es una entelequia y creerse perfecto un paradigma de la estupidez. Por lo general, los individuos incompetentes tienden a sobrevalorar sus propias habilidades y a su vez, son incapaces de reconocerlas en los demás. La relación entre estupidez y vanidad es algo que en su día se describió como el Síndrome de Dunning-Kruger, según el cual las personas con pocos recursos culturales e intelectuales tienden a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son.

- Brevemente, ¿de dónde surge la ansiedad que podemos experimentar en demasiados momentos de nuestra existencia?
La ansiedad no debe ser siempre interpretada como una emoción patológica. De hecho, son muchas las veces en que la ansiedad cumple un papel saludable y positivo que nos ayuda a estar más alerta a la hora de enfrentarnos a estímulos que pueden implicar un peligro. Todos hemos sentido ansiedad en muchas situaciones a lo largo de nuestra vida: una entrevista de trabajo, un examen, espera de los resultados unas pruebas médicas, etc.

Sin embargo, si la ansiedad se presenta sin que exista una causa aparente y proporcionada que la provoque, o bien cuando el nivel de la ansiedad y su duración son excesivos, es cuando podemos considerarla como patológica.

- Ud. es coautor con Alicia Muñoz Alabau de un libro que acaba de publicar (Dos mitades y un cuarto, Editorial Neopàtria). ¿Qué encontramos en esta obra?
Se trata de una antología poética que encantará especialmente a aquellas personas que creen —equivocadamente— que no les gusta la poesía. Dos mitades y un cuarto aborda materias muy trascendentes pero no pretende enseñar ni ofrecer respuestas o soluciones, sino invitar al lector a reflexionar sobre algunos temas universales que desde tiempos ancestrales han interesado al ser humano. Alicia y yo hemos querido plantear los impactos de ciertos tópicos en nuestro estado de ánimo, y otorgarles un tratamiento artístico —en cierto modo ensayístico—, algo así como unas pinceladas sugerentes que inviten, interpelen, susciten y revuelvan los sentimientos de los lectores con una sugerente exposición de puntos de vista surgidos desde nuestra sensibilidad creativa, y hacerlo a través de unos planteamientos que, estamos convencidos, a nadie dejarán indiferente.

Todos nos hemos sentido alguna vez señalados por los aguijonazos de una serie de cuestiones inherentes a nuestra racionalidad, y también todos habremos percibido lo complejo que puede ser encontrar una explicación y comprensión sencilla a las mismas. Es por ello que con esta compilación poética, pretendemos proporcionar lugares comunes en los que cada cual pueda ver reflejadas algunas de sus inquietudes y que a partir de esa toma de contacto, se animen a elaborar sus propias reflexiones al sentirse identificados con las propuestas que aparecen en cada uno de los poemas al reflejar sensaciones y sentimientos por todos compartidos. Amor y desamor, Relaciones afectivas, Muerte, Emociones y sentimientos e Introspección son los títulos de algunos de los capítulos de la obra, cada uno de los cuales va precedido de un texto introductorio que contextualiza cada temática para ayudar al lector a entender el sentido o el sentimiento que los autores hemos querido imprimir a cada poema.

- En el proceso de 'avanzar hacia el equilibrio' en pos de no sucumbir ante la adversidad, ¿qué podemos aprender de la experiencia?
La vida es como un largo viaje. Todo cambia, todo empieza y acaba. La existencia no debe limitarse a resolver las dificultades del día a día sino saber construir nuestro proceso vital, como protagonistas que somos de este recorrido. Para muchas personas los retos suponen un aliciente, pero para otras constituye un riesgo por miedo a poder descubrir aspectos desconocidos que ensombrezcan el presente. Sucede entonces que la búsqueda de respuestas y el anhelo de realizar cambios se acaban enfriando y encuentran pronto resistencias. ¿Cuánta verdad podremos soportar? ¿Y si nos perdemos por el camino…? Cuando surgen estas cuestiones, la acción retrocede hacia la justificación y la pasividad. Por todo ello, ampliaría el enunciado de esta pregunta añadiendo que más que avanzar hacia el equilibrio, habría que hacerlo siempre en equilibrio y una incesante búsqueda del mismo. No olvidemos jamás que la fuerza, nuestra fuerza, más que en el acto se aloja en la mente.

- Hay políticos, empresarios, banqueros psicópatas; naturalmente, también sacerdotes y obispos… Algunos expertos estiman hoy la incidencia de la psicopatía en el 1 % de la población, lo que representa para España más de 400.000 individuos. ¡Preocupante! ¿Cómo es el psicópata?
Los psicópatas son individuos patológicamente satisfechos consigo mismos y con una ambición sin límites que les lanza en busca de riqueza y poder sin importarles los perjuicios que puedan ocasionar con su desprecio hacia las propiedades y los sentimientos de los demás, mientras ellos no sienten culpa o remordimiento alguno. Son personas carentes de sentimientos, de empatía e insensibles ante el dolor ajeno.

Aunque es corriente identificar a los psicópatas con los asesinos en serie, la inmensa mayoría de los psicópatas nunca matan (al menos, no directamente) ni acaban recluidos en la cárcel o en instituciones psiquiátricas, pues son personas aparentemente normales que viven integrados en la sociedad sin despertar sospechas sobre su condición. Interpretan un papel de individuos encantadores, inteligentes y seductores, y fingen una empatía que no sienten mientras ejercen su poder a costa de infligir daño a los demás.

- Dice Ud.: “Nuestro sistema socioeconómico recompensa con poder y dinero las conductas de los psicópatas; individuos que no parecen serlo y que, por tanto, pasan desapercibidos bajo un aura emprendedora y de falsa empatía que les catapulta a éxitos encadenados”. ¿Qué se puede hacer?
Sí, creo recordar haber escrito algo así en algún artículo o haberlo expresado en alguna entrevista. ¿Qué se puede hacer? Sin duda, aplicar siempre la ley, pero previamente revisarla y adaptarla a una escrupulosa ética en beneficio de las mayorías —sobre todos las más necesitadas— y no de la minoría de individuos que ocupan los puestos de privilegio desde donde dirigen a la sociedad. Los libros de historia están llenos de ejemplos con las atrocidades cometidas por personajes (Stalin, Hitler, Pinochet, Somoza…) que se ajustan a las características de un psicópata. También en la actualidad, en unas circunstancias de crisis social, política, económica y de valores como la que atravesamos, es posible que estemos a la merced de verdaderos psicópatas con un alto grado de perversidad, individuos expertos en aprovechar las aguas revueltas para acceder al poder, muchas veces con la ayuda de otros psicópatas de menor relevancia (pero idéntico modus operandi), que desde la banca o el mundo financiero y empresarial les allanan el camino hacia el poder. Por todo ello, hay que mantenerse alerta y obrar en consecuencia teniendo en cuenta que el mejor modo de acabar con estos monstruos es aprender a no elegirlos, pues una vez acceden al poder, por lo general, sólo un conflicto bélico o la entrada de un nuevo personaje de su calaña pueden apartarlos de su puesto.

- El día de la enfermedad mental (10 de octubre). ¿Qué le gustaría subrayar?
Nada mejor para reivindicar en el Día Mundial de la Salud Mental que la normalización de la patología mental como un grupo más de enfermedades que nunca deberían marginar ni estigmatizar a quienes las padecen. Más allá de los síntomas y la dificultad para ser felices a la que antes aludía, el principal problema de quienes sufren alguna, de estas patologías es la barrera del estigma que dificulta su buen pronóstico, su tratamiento, su recuperación, la dignidad, la autoestima y la integración social, laboral, educativa y cultural de unos seres humanos con los mismos derechos —o tal vez más por su condición– que el resto.

- Gracias D. Alberto. Nos quedan otras muchas preguntas, que con su permiso, le formularemos en otras ocasiones. Muchas gracias.
Gracias a ustedes por la invitación a participar en su publicación a través de esta entrevista. Pueden contar conmigo cuando lo deseen.