EL CELIBATO

-Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos-
Cosme Puerto Pascual, O.P.
El celibato aparece en nuestros días como una de las realidades más originales y más contestadas del cristianismo. El autor es consciente que la sexualidad célibe ha sido un tema polémico desde el principio y que continuará hasta el final. El celibato sacerdotal ha sido un tema de amplio debate en la Iglesia y fuera de ella siempre. El obispo emérito Juan María Uriarte me ha deleitado y sorprendido con su obra sobre el celibato. En ella nos aporta una vivencia sana del mismo desde su vivencia y experiencia personal. Su libro surge de una pregunta ineludible: ¿es realmente posible el celibato hoy? ¿Es realista esperar que una persona viva sin sexo de forma permanente? No es la única religión que promueve el celibato: también lo hacen los monjes budistas. No hay dudas de que algunas personas pueden practicarlo felizmente.

Es un libro psicológica, pedagógica, teológica y pastoralmente profundo y serio. Es un gran depósito de sabiduría rica, serena, amplia y muy matizada sobre la vida célibe. Hay libros más competentes que el de Juan María en aspectos parciales del tema; psicología, pedagogía, psicoanálisis, neurofisiología, sexología, desarrollo, madurez humana, etc. Pero este entra en el sano magisterio de un obispo como libro de referencia para otros obispos, rectores de seminarios, formadores, sacerdotes, seminaristas y cristianos comprometidos. Son diversas las cuestiones que se plantean con respecto al celibato en el momento actual, aunque no todas. Al escribirlo, devuelve a los célibes su magisterio ministerial de sus estudios especiales, su vida, sus vivencias, sus ricas experiencias, su maduración célibe, sus muchos encuentros con sacerdotes y religiosos.

La obra “constituye el fruto maduro de numerosos años de reflexión y acompañamiento, y ha sido escrita desde el aprecio del celibato y el amor a las personas célibes”. Como sexólogo cristiano lo felicito y aplaudo, que un Obispos hable de ella a sus sacerdotes de manera positiva, sana, integral, realizadora y madurativa como lo hace. En mi tema a nivel antropológico me hubiera gustado un poco de espíritu crítico con los mitos y ciertas antropologías actuales de la iglesia y del avance actual de la sexología, ya que pocos obispos se atreven a hablar sobre el tema y menos a sus sacerdotes, sí lo hacen es desde ciertas moralinas condenatorias, que hoy no son bien recibidas por nadie, no sirven además de nada y son creadoras de culpabilidades y falsos pudores.

Dentro de su punto de partida para un tratamiento interdisciplinar de la existencia célibe, mi comentario, como sexólogo cristiano, se centra en sus aportes sobre la sexualidad célibe. El autor estudia el celibato desde diversas instancias con las que está familiarizado: psicología, antropología, teología, pedagogía, espiritualidad, pastoral… y sobre todo desde su vida y experiencia de escucha y trato personal con sus sacerdotes. Desde todas esas instancias nos habla en profundidad sobre un celibato positivo, sano y realizador de la persona célibe. Sus análisis y aportaciones parten desde una orientación psicoanalista personal y un contexto socio-cultural en que los sacerdotes viven hoy el celibato.
El sexo, la sexualidad y el amor sexual son como la materia prima del celibato. El célibe elige amar libremente. El celibato se analizará dentro de la interpretación de la sexualidad en la comunidad de fe y en la sociedad. Tiene que ver con la sexualidad y el amor. Su objetivo prioritario es integrar la sexualidad en el amor. El amor maduro del célibe no es absoluto ni perfecto, es sencillamente, una amor transformado y dirigido hacia Dios y los demás. El libro aborda el celibato correctamente, como una forma o manera más de vivir la sexualidad, la condición sexuada, sexual y erótica del célibe. No niega, ni reduce la sexualidad a genitalidad. Critica duramente los mitos existentes y la interpretación peyorativa de la sexualidad generalizada en la Iglesia de la que no pudo dejar de verse afectado el celibato. Él es consciente, que de la mano creadora de Dios no sale nada malo o pecaminoso, sino algo positivo, valioso y bueno, que nos habla de la mano bondadosa, cariñosa y tierna de Dios, para que seamos felices los seres humanos.

Explica la sexualidad célibe desde una acepción amplia: es sexual todo lo que se deriva de la condición masculina o femenina de una persona y condiciona su modo de trabajar, de emplear el ocio, de pensar, de vivir la amistad, etc. En una segunda acepción, más restringida, es sexual el conjunto de reacciones, actitudes y comportamientos que se producen en una persona al relacionarse con alguien del otro sexo sin que esa relación esté orientada a lo genital ni por su propia dinámica ni por su intención.

Expone de forma sencilla, pero profunda y rigurosa, algunos fundamentos sólidos de antropología sexual. Su visión más amplia del sexo y sexualidad, pone de manifiesto las capacidades afectivas y relacionales, comunicativas de la sexualidad, capacidades que no son genitales. Captando la prioridad de estos significados afectivos y relacionales de la sexualidad célibe, un dinamismo de apertura, comunicación, creatividad, que sacan al célibe de la soledad. El camino del celibato es concreto e individual. Fluye de la historia personal y tiene como objetivo prioritario la integración de la genitalidad en la sexualidad y ambas en un amor de oblativo de forma evolutiva, armoniosa y equilibrada.

Pastoralmente, el celibato solía verse como una vocación eclesial más excelsa. Sin embargo, los célibes se ven ante todo desafiados a vivir la misma vida común de integración sexual que la Iglesia en su conjunto. El celibato nos soslaya los desafíos cotidianos de dicha integración que aparecen en el evangelio y que son vividos por toda la comunidad eclesial.

Algunas afirmaciones antropológicas del celibato, se orientan a descubrir su posibilidad y su dignidad humana, “hoy cuestionadas por la mentalidad predominante”. Defiende que la naturaleza carismática del celibato no exime de un aprendizaje, sino que, por el contrario, “lo reclama”. No nacemos sabiendo como vivir nuestra sexualidad, como tampoco nacemos sabiendo tratar y relacionarnos con la mujer… No somos castos, vamos aprendiendo a ser castos. No somos célibes vamos aprendiendo a serlo con el paso del tiempo y lo aprendemos desde los errores y los aciertos. A veces los célibes tienen la impresión o certeza de que su sexualidad no es regulada, como las otras funciones humanas por el cerebro, órgano director de la sinfonía sexual célibe, sino desde la simple irracionalidad, sobre el supuesto básico de que la sexualidad célibe es una cosa aparte. No olvidemos que es una necesidad no un instinto.

Echo de menos una mayor insistencia en la necesidad de una educación y formación sexual como nos lo pide el Concilio Vaticano II. Que necesitamos oír mucho los cristianos y los sacerdotes de nuestros Obispos. ¿Han asumido las “instituciones educativas de la Iglesia de los célibes este gran desafío? Por último, no es verdad, que el celibato conduce al abuso o a la disfunción sexual. Desafortunadamente los escándalos sexuales ocurren y atraviesan la sociedad en todos sus estamentos y no únicamente a los célibes. No tiene que ver con un concepto sano de Dios y unas actitudes sexuales sanas y positivas. Tiene que ver con vivir de cierta manera y convertir la sexualidad en un poder espiritual.

El autor
JUAN MARÍA URIARTE nació en Frúniz, Vizcaya, en 1933 y fue ordenado sacerdote en 1957. Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia Comillas y en Psicología por la Universidad de Lovaina, obtuvo la diplomatura en Psicología Religiosa por el Instituto AMAR de París. Nombrado obispo auxiliar de Bilbao en 1976, obispo de Zamora en 1991 y obispo de San Sebastián en 2000, estuvo al frente de esta diócesis hasta 2010. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha ocupado diversas responsabilidades.