La Renta Básica: ¿ Nuevas Leyes de Pobres?

Javier M., militante del Partido SAIN
La Renta Básica está en boca de todos, y hasta ha merecido la atención del mismísimo Foro de Davos. ¿Por qué?.

España tiene una situación crítica en el indicador de desigualdad, y un sistema fiscal que grava de forma confiscatoria a las familias con menos recursos. Batimos record de recaudación tributaria a la vez que disparamos la brecha entre ricos y pobres.

Por ello, ya no podemos decir que aumentar el gasto social es una medida de izquierdas. Tenemos la experiencia suficiente para dejar de creer que la injusticia se acaba con parches que, además, pagan los pobres.

Lo mismo podemos decir de la renta básica. No solo no es una utopía, sino que sigue la senda marcada por un sistema depredador de los pobres y de la naturaleza. Avanza con la economía digital el número de trabajadores pobres, y se han sofisticado los mecanismos que permiten bajar los salarios. Para ellos se ha hecho el invento del complemento salarial, un impuesto negativo sobre la renta lanzado por el economista Milton Friedman, enemigo acérrimo de la equidad distributiva, y que tiene una filosofía y una historia muy concretas.

La propuesta del complemento salarial tiene su origen en el siglo XIX, en el marco de las leyes de pobres británicas. Ante la hambruna de muchas zonas rurales, provocada por la proletarización masiva, los magistrados del condado de Speehhanland descartaron la opción de establecer un salario mínimo, y optaron por subsidiar a las familias jornaleras cuyos ingresos no fueran suficientes para cubrir las necesidades básicas de alimentación y vivienda. El subsidio se financiaba con un impuesto sobre la renta de todos los contribuyentes. Este sistema se extendió rápidamente, y produjo el nefasto efecto de rebajar los salarios que los empresarios pagaban a sus trabajadores. Aquella medida fue un regalo para la patronal, pues el subsidio corría a costa de los contribuyentes.

En la actualidad, el sistema ha generalizado un empleo de trabajos mal pagados y de solicitantes de subsidios, caldo de cultivo perfecto para la implantación de una medida popular como la Renta Básica que asegura la tranquilidad social. Pero los ciudadanos seguirán con menos defensa ante el sistema.

Por ello, la Renta Básica no deja de ser una propuesta del sistema que no podemos compartir y nos planteamos las siguientes cuestiones para el diálogo:
1.- Los defensores de la Renta Básica aceptan el mensaje fatalista de que la nueva revolución tecnológica hace imposible el pleno empleo. La realidad es la contraria. Lo decisivo es en qué manos están y a quién sirven las herramientas tecnológicas.
2.- Estas medidas sacralizan un sistema inmoral, pues éste no se convierte en justo por el solo hecho de poder repartir mientras siga impidiendo el protagonismo y la responsabilidad de todos.
3.- Los que hacen números y consideran que existe un colchón financiero que hace posible la Renta Básica podrían dedicar su esfuerzo a calcular lo que costaría el pleno empleo.
4. Pero lo más importante es el desprecio que late en estas propuestas al trabajo como exigencia de del desarrollo integral de la persona. El sistema nos prefiere con la mano extendida recibiendo el pago mensual antes que protagonizando nuestra vida. Negar el derecho al trabajo no se sustituye por dinero y atenta a la dignidad de quien lo recibe. Es propio de la naturaleza humana trabajar y colaborar en la construcción de la sociedad.

Mucho nos tememos que, de implantarse, estas medidas nos traerán el escenario de las infames “leyes de pobres” del capitalismo salvaje que estigmatizaron a las rentas más bajas.