Evangelizar hoy siendo intelectualmente disciplinados

Miguel Ponce Máñez
Pienso que el título llevará al lector a acogerlo y suponer un desarrollo del tema de diferentes formas o modos. Tantos, como características o particularidades existen en todos y cada uno de los representante de la especie humana.

Como el propósito del artículo no es detallar todas las posibles interpretaciones que se pueden hacer, a partir del título. Se pondrá primero el foco de atención en los extremos para a partir de las coincidencias, también las diferencias y eliminadas los sobras, tanto de unas como de otras, por su carácter o particularidad fundamentalista –ideológicas- llegar al lugar o el entorno, entre los anteriores extremos, donde se encuentra la verdad. Pues, siguiendo a Aristóteles, “…en cuanto a la verdad, el que tiene la medianía llámase verdadero o hombre de crédito y verdad, y la medianía digamos que es la misma verdad (...) se ha de tomar el medio según que la recta razón aconsejare” (Ética a Nicómaco).

Pero antes de entrar a buscar la medianía, sugerida y enseñada por el filósofo aventajado de la Academia de Atenas, que hay entre la interpretación Fundamentalista y la Progresista, respecto a lo que se entiende hoy por evangelizar siendo intelectualmente disciplinado, atenderemos a los términos, su conceptualización, o el significado con que se expresan las ideas que componen las palabras del enunciado del título: “Evangelizar”, “Intelectualmente” y “Disciplinados”. Así, como se puede leer, en el no. 429 del Catecismo de la Iglesia Católica, del “…conocimiento amoroso de Cristo es de donde brota el deseo de anunciarlo, de `evangelizar´, y de llevar a otros al `sí´ de la fe en Jesucristo”. Luego “evangelizar” es básicamente anunciar a Cristo.

Respecto al término “Intelectualmente”, formado por el adjetivo “intelectual” y el sufijo “mente”, componen un adverbio; éstos son palabras que complementan al verbo, adjetivo, otros adverbios o incluso oraciones. En nuestra oración el adverbio informa de cómo es, o que característica ha de tener, la persona que pretende evangelizar en la actualidad: ser un intelectual. Y la RAE informa que “intelectual” hace referencia al entendimiento, a la persona que se dedica preferentemente al cultivo de las ciencias y de las letras.

Sobre el último término del título, “disciplinados”, volviendo a la RAE, apunta, además de informarnos de que es un adjetivo, a que guarda la disciplina, la observancia de las leyes y ordenamientos.
Provistos de las referencias conceptuales anteriores, se está en disposición de desarrollar un texto respecto a lo que es evangelizar hoy siendo intelectualmente disciplinados, sin caer en fundamentalismos ni progresismos. Además de reconocer las ideas y los textos que se posicionan en esos extremos y desecharlos. Puesto que instalarse en cualquiera de ellos es demostrar debilidad y miedo, ya que mostramos no ser capaces de aceptar la duda en nuestra vida, lo que fundamenta la desconfianza. Y esa actitud es desastrosa para el progresista, pero para el fundamentalista es del orden de la tristeza y, como dice el Santo Padre Francisco, “…Un cristiano triste, es un triste cristiano”, porque indica tener poca, o muy poca, fe en la Verdad Revelada. O, lo que es lo mismo, creer a la “carta” en Cristo.

También los extremos tiene el denominador común de llevar a la intolerancia y acabar en el Totalitarismo. Todo el siglo pasado, más lo que llevamos de éste, esta lleno de ejemplos que lo verifican. De manera que ¿dónde o cómo podemos hallar la “mediana” del genial Filosofo, para evangelizar hoy siendo intelectualmente disciplinados? Si desde un extremo se puede aceptar la necesidad de la intelectualidad pero no la disciplina (recordemos que la visión progresista, todo lo que “huele” a disciplina, orden o corrección se enfrenta con el paradigma Relativista. E imbuidos en él, somos incapaces de percibir la paradoja que representa su tesis -existen tantas verdades como sujetos, dependiendo de factores tanto psicosomáticos como culturales, los cuales influyen en los juicios que las personas se hacen sobre la realidad- y lejos de alejarse – valga la redundancia- de toda disciplina, el Relativismo impone su seguimiento demanera rotunda y disciplinar). Y desde el otro extremo se está justamente en lo contrario; o sea, sin ser muy necesaria la intelectualidad ya que, siguiendo a san Agustín, “Dios no escoge a los capaces, Dios capacita a los escogidos”, fundamenta la evangelización desde la disciplina siguiendo, como no podría ser de otro modo (y como también lo hacen los del otro extremo, a su manera ...) la Tradición, el Magisterio y la Sagrada Escritura. Pero mientras unos cimientan los tres Pilares de la evangelización en el terreno movedizo del Relativismo, los otros lo hacen en el Inmovilismo. Dos “cimentaciones” igualmente fallidas. Evidente en el Relativismo aunque no tanto, a primera vista, en el Inmovilismo. Pero, recurriendo de nuevo a Aristóteles y su solución frente al “Problema del movimiento”, comprendemos que la falta de movimiento o, lo que es lo mismo, el inmovilismo lleva al no desarrollo o la imperfección. Y eso último va en contra de lo que nos dice el Evangelio (Mateo 5, 48).

Pienso que la solución la podemos encontrar en la función de la integración de ambos. Porque, unos como otros, todos cristianos, en el seguimiento a Cristo nos interpela hacia la acción o la actitud evangelizadora. Y en eso, gracias a Dios, si estamos todos de acuerdo. De manera que, como apunto, fijándonos en la función integradora de los extremos y atendiendo a su sentido matemático (para continuar en la objetividad que se está siguiendo en el articulo desde las definiciones conceptuales anteriores y ahora con la característica –veracidad- que ofrecen las Ciencias Exactas) el recurso a la función “Integral” en concreto, pero en general el universo de las Funciones ha sido usado, el término “función”, filosóficamente como expresión del modo de comportamiento de la realidad constituida por Relaciones. Así, para Ernst Cassirer, el ser aparece conocido como función, y no solo como una mera aprehensión, sino como, una forma fundamental de realidad.
Recordando que la Función Integral es la operación por la que se calcula el valor del área de una función (básicamente es la suma de los infinitos valores que puede tomar en su dominio de existencia). En nuestro caso la función es la Evangelización (siendo intelectualmente disciplinados) como una realidad donde el “área” comprende todos los aspectos o todas las partes necesarias para estar completa. Se entiende pues que, para la existencia de la función, es condición “sine qua non” contar con todos (incluyendo los extremos) y cada uno de los valores positivos (en su doble sentido: matemático y axiológico, en nuestro caso). Y, no solo los que se encuentran en la “mediana” de la función, también en los extremos, aunque, en éste lugar “geométrico” serán un mínimo los valores que encontremos. Pero, atención, sólo los positivos, de otro modo el valor de la función es un cero matemático o ninguno, o inexistente axiológicamente hablando.

Satisfecha, aunque no agotada, la cuestión en el terreno filosófico, es correcto pensar que la solución presentada es valida, también, en el terreno teológico. Porque ambos saberes se sirven de lo especulativo con la Lógica (la Teología) y la Lógica Matemática (la Filosofía). Pero además, más allá de la Filosofía, desde la Teología se puede afirmar, sin ninguna duda, que nunca nos equivocaremos si la solución está y nosotros permanecemos en el Amor.

Miguel Ponce Máñez es Licenciado en Pedagogía, Grado en CC Religiosas y Grado Superior en Sist. de Telecomunicaciones.