Armando lío en Valencia

(Enrique Lluch Frechina) Cuando somos jóvenes, nuestra educación cristiana nos impulsa normalmente hacia el mismo objetivo: el compromiso. La catequesis, el trabajo en grupos juveniles cristianos, nuestra experiencia parroquial, suele llevarnos a comprometernos con la parroquia, con una ONG, con el grupo de juniors, con los scouts... Con esta manera de educación cristiana a los jóvenes les sucede con frecuencia que identifican el ser cristiano con tener tiempo libre para comprometerse, para remangarse y ponerse manos a la obra. Tanto es así que cuando estos jóvenes están acabando sus estudios, se ponen a trabajar o construyen un proyecto de pareja y comienzan a faltarles el tiempo libre, se encuentran desubicados, no saben como combinar un compromiso cristiano que aparentemente les exige tiempo libre, con un proyecto personal para el que necesitan mucho tiempo y del que va a depender su futuro. Las dos cosas parece que se contraponen entre ellas y se vive este periodo con unas consecuencias que muchas veces acaban en desafección y alejamiento.

Si a esto unimos la poca formación que habitualmente reciben nuestros jóvenes sobre Doctrina Social de la Iglesia y compromiso social y político del cristiano, nos encontramos con que parece que la labor profesional, el puesto de trabajo y la familia no son lugares adecuados en los que se pueda vivir la fe cristiana de una manera plena. Una fe que nos debe ayudar a encontrar nuestra vocación, a hacer de nuestro trabajo y de nuestra vida una alabanza a nuestro Dios, a colaborar en su labor creadora y constructora del reinado de Dios en la tierra a través de un mundo más justo y más fraterno, no lo hace porque no hemos formado a nuestros jóvenes en una DSI que define Benedicto XVI como "elemento esencial de evangelización, anuncio y testimonio de la fe, instrumento y fuente imprescindible para educarse en ella” (Caritas in veritate, 15) y no tienen herramientas para ver su propia vocación como el camino de crecimiento en la fe que es.

La conjugación de estas dos realidades es la que nos ha llevado a un grupo de personas pertenecientes a distintas instituciones eclesiales y preocupadas por la formación de estos jóvenes, a organizar un “espacio cristiano de ciudadanía y acción social” en Valencia al que hemos denominado “Armando lío” siguiendo la llamada que hizo Francisco a los jóvenes en Río de Janeiro. En este espacio queremos preparar a jóvenes cristianos mayores de 21 años para vivir su fe de una manera coherente en cualquier actividad que desarrollen, ya sea esta familiar, profesional, laboral o voluntaria. Queremos ayudarles a hacer realidad su vocación cristiana en su vocación profesional o vital. Que puedan vivir en armonía todas las diferentes facetas de su vida.

Todo esto a través de un curso de formación centrado en la Doctrina Social de la Iglesia y en su metodología basada en el “ver, juzgar y actuar”. Una dinámica en la que los y las jóvenes no solo se van a juntar con personas de otras realidades eclesiales y con unas inquietudes comunes, sino también con ponentes cualificados que les ayudarán a comprender su realidad desde otro punto de vista y a profundizar en su compromiso cristiano. Una formación que no pretende sustituir su compromiso o su vida en sus grupos de origen, sino complementar lo que allí reciben y reforzarlos para que continúen trabajando en el lugar en el que ya lo hacen.

Desde estas páginas animo a que se difunda esta iniciativa y a que se apunten todos los y las jóvenes mayores de 21 que tengan inquietud por vivir su compromiso cristiano en su día a día. Pueden encontrar la información en: http://centroarrupevalencia.org/armando-lio/. Las entidades que estamos colaborando en este proyecto somos: Pastoral Juvenil Redentorista, Funderetica, CVX, Cáritas Diocesana de Valencia, Centro Arrupe de Valencia, Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, Salesianos San Antonio Abad de Valencia y Movimiento Junior de la Diócesis de Valencia.