CURSO ALPHA EXPLORA EL SIGNIFICADO DE LA VIDA

José Andrés Gallego, historiador del CSIC

Charla en los locales Parroquiales de la Parroquia del Santísimo Cristo de la Fe de la Cañada, donde se empezó el Curso Alpha en la Diócesis de Valencia

(Juan Agustín Blasco Carbó) Inevitablemente existen sociedades que van por delante de la nuestra y tanto en Inglaterra como en Estados Unidos hace años que ven cómo las iglesias de siempre envejecen y se quedan vacías. Frente a esta realidad surgió hace unos treinta años, en la añeja parroquia de Londres Holy Trinity Brompton situada en el barrio de los Museos, el Curso Alpha de la mano de un grupo de jóvenes pastores al frente de los cuales se situaba Nicky Gumble. El curso pretendía ofrecer de una forma fresca y acogedora el Kerigma cristiano (a Jesús en definitiva) a una sociedad postmoderna que parecía no contar con Dios. Y lo peor, no necesitarlo.

El Curso Alpha –así llamado acudiendo a la primera letra y más básica del alfabeto griego- se pensó que se iniciara con una comida (desayuno, comida o cena, dependiendo de la hora) de aproximadamente 45 minutos, a la que seguiría una exposición breve y desenfadada sobre uno de los temas fundamentales de la fe cristiana de mas o menos media hora para finalizar con un compartir en grupos de diez personas sobre preguntas relacionadas con el tema. Siempre insistiendo en la atmósfera de acogida y de respeto a todas las opiniones –siempre y cuando no pretendan ofender a los demás, obviamente-. Se diría que se pretendía utilizar el mismo método que utilizaba Jesús: comer con la gente, explicarles y aceptar sus preguntas. Con delicadeza y claridad. Sintiendo el amor que Dios tiene por cada uno de sus hijos y el tesoro de libertad y responsabilidad que les desea entregar.

Gumble siempre dirá que la inspiración del curso le vino al poner la pastoral de su parroquia en manos del Espíritu Santo. Y lo cierto, es que a día de hoy se cuenta que ha habido ya mas de 27.000.000 personas que han realizado el curso en multitud de países (3.500.000 en EEUU, 1.000.000 ya en India, 2500 cursos en Corea del Sur –datos de 2016-), desarrollando sus diferentes modalidades: Alpha para preparación para el matrimonio o para esposos, Alpha para jóvenes, Alpha en el lugar de trabajo, Alpha en las Fuerzas Armadas, Alpha en prisiones… Especial emoción me produce éste último por haber sido voluntario de la Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de Valencia con la que sigo vinculado. Se realiza en el 70 por ciento de las prisiones de Inglaterra reduciendo el porcentaje de reincidencia –en España es semejante- del 70 al 10 por ciento entre los presos tras la realización del curso. Espero verlo pronto en Picassent.

El contenido de las sesiones del curso son: Presentación del curso. Las preguntas de la vida. ¿Quién es Jesús?. ¿Por qué murió Jesús?. ¿Cómo puedo estar seguro de mi fe?. ¿Cómo y por qué rezar?. Cómo y por qué leer la Biblia?. ¿Quién es el Espíritu Santo?. ¿Qué hace el Espíritu Santo?. ¿Cómo puedo llenarme del Espíritu Santo?. ¿Cómo puedo resistir al mal?. ¿Cómo dar testimonio a otros?.

A nadie se le escapa la perspectiva práctica de los temas y de los contenidos –estos británicos son así- frente a nuestra tendencia latina a teorizar. Lo cierto es que el curso se orienta más a la realidad vital que a una serie de conocimientos teológicos, ofreciendo una fe que para poder verla hay que previamente creerla: “¿No os he dicho que si creéis en Mí veréis la gloria de Dios?” Jn. 11, 40.

Existe una versión más amplia que incluiría otras sesiones como: ¿Cómo nos guía Dios?, o ¿Sana Dios hoy en día? Pero el contenido de estas dos sesiones se puede incluir en otras ya citadas. Las sesiones referidas al Espíritu Santo (6, 7 y 8) se realizan en el llamado “Fin de semana del Espíritu” –que puede hacerse en un solo día según los casos -en un lugar distinto dónde se hacen las sesiones normalmente-, en algún lugar de retiro u oración. Ese día terminaría con una oración del Espíritu comunitaria, donde se comparte la posibilidad de rezar unos por otros –hoy en día hay mucha gente que no tiene esa experiencia vital-, con la invocación al Espíritu Santo.

Como podéis imaginaros el Curso puede realizarse en múltiples lugares y para cualquier sector de población. En España se empezó en casas particulares –como en mi caso en Valencia-, para pasar pronto a locales parroquiales, bares, recepciones de hoteles, colegios… Cualquier sitio es válido. La organización no es compleja. Especialmente si lo confrontamos con otras pastorales que se suelen hacer en la parroquia. Hoy en día hasta las sesiones están grabadas y disponibles en la red para cualquier persona. Con un grupo mínimo de hermanos se saca adelante. Sí que me gustaría distinguir varios equipos en los que se puede colaborar:

1. El equipo de oración. Hay muchas personas en las parroquias que no tienen tiempo o posibilidad de colaborar de otra forma, pero siempre pueden rezar por los frutos del curso. Es con MUCHO, la labor más importante. Dios siempre responde.

2. El equipo de la logística: cocina, preparación del espacio, preparación de los equipos. TODO se hace desde el mismo espíritu de oración con la petición que el Señor se haga presente y sus hijos puedan oír su voz y su llamada.

3. La persona que da el curso y las personas encargadas de hacer las preguntas. Hay que insistir que se debe favorecer el ambiente de respeto en el que todas las opiniones sean aceptadas. Las personas que hacen las preguntas deben limitarse a facilitar que lo que está en el interior vaya saliendo y no propiciar una corrección dogmática continua ante las opiniones ajenas en la que los católicos estamos tan entrenados. Y se intentará acudir no a unos conocimientos intelectuales SINO A experiencia vitales. Cuánto necesita hablar el hombre postmoderno en una sociedad tan tecnificada como inhumanizada. Especialmente de ciertos temas.

Hace unos diez años leyendo una revista de los Sagrados Corazones ví una pequeña reseña explicando lo que era el Curso Alpha. En una inspiración de ésas de las que se habla en el curso, sentí como si me abofetearan la cara y me dijeran: esto es. Y así dije yo, llamé a gritos a mi esposa Paz y le dije: “esto es”. Lo cierto es que cuando pienso en ese momento no puede dejar de compartir lo que ví y sigo viendo: “miles de personas acudiendo a nuestras iglesias”. Ni quiero dejar de compartir que para mí Alpha ha sido y es y será para siempre un regalo, REGALO del Señor. Afortunado es quién confía en las palabras de Jesús y les concede aunque sea un mínimo de veracidad, porque a ése poco se aferra Él para concederte grandes gozos. No se me hubiera podido imaginar algo que me hiciera más feliz que contribuir a que mis hermanos conozcan el amor que el Padre les tiene en la entrega irreversible de Cristo Jesús, sientan la vida en el Espíritu y pueda contribuir a que MI Iglesia sea, como tantas otras veces –desgraciadamente no siempre- cauce de la vida de Cristo. Y así sí que se cambia el mundo. Rom. 8, 31 in fine.

Enseguida acudí a buscar información en internet y encontré la posibilidad de un encuentro en octubre de 2007 en una parroquia en Madrid. Allí conocí al actual responsable de Alpha España Tote Barrera y pude compartir experiencias de las otras partes de España –en Valencia en nuestra Iglesia Católica aún no se había probado-. Por entonces, y en esa iglesia, los católicos éramos minoría frente a nuestros hermanos protestantes. Eran tantas sensaciones que es difícil de expresar. Sentía tener delante todo aquello que había imaginado y nunca pensé ver. Nuevos métodos humanizados –la Nueva Evangelización de la que ya habló San Juan Pablo II-, que se diera la importancia a la persona –colocándonos en los sentimientos de Cristo Jesús (Flp. 2,5)-, trabajando codo con codo con hermanos de otras denominaciones en el empeño común que el Reino se extendiera y los hermanos se salvaran –“encarnando” todo el ecumenismo que las necesidades actuales reclaman-. “Hospital de campaña” dirá PP. Franciscus. Con una exigencia de incorporación de los laicos requerida por la urgencia actual. Pero además y aparte de mi personal experiencia vital en general y de fe en particular, me sentía como si toda mi trayectoria hubiera sido una preparación para dar el curso, pues era justo su perspectiva práctica lo que yo siempre había sentido que faltaba en nuestras comunidades. ¿Será cierto lo que dice Jesús?.

Y acudimos entonces a nuestro querido párroco de La Cañada entonces Don José Zarzo, para que nos permitiera iniciar el primer Curso Alpha en la Diócesis de la Valencia Católica, en nuestra casa con unos jóvenes que deseaban confirmarse. En aquella época no teníamos ni materiales en español, y más allá de Rainiero Cantalamessa nadie en el mundo católico parecía ni conocer ni apoyar un producto de los hermanos separados. Al año siguiente fue en los locales parroquiales. Y así llevamos ya ocho. Al año siguiente mi esposa y yo iniciamos el primer curso en la ciudad de Valencia, en la Parroquia de San Vicente Ferrer –a nuestro querido Vicente encomendamos la misión- con nuestro querido párroco Amado Pau Magaña –ahora acabamos de empezar un curso en su nueva parroquia de San Juan Bosco-. Acudimos allá dónde los párrocos nos llamaban: Náquera, Alberic, Benisa, Pobla de Vallbona, Alcira. En 2012 acogimos en casa al equipo de Madrid para la primera presentación del Curso a las parroquias de nuestra diócesis. De allí surgió los diferentes cursos que se han estado realizando desde entonces en la Parroquia de Nuestra Señora de Monteolivete de la mano del querido Misionero Paúl Javier Serra, ahora en tierras andaluzas. Hace ahora un año un nuevo equipo vino a la parroquia de San José de Torrente para hacer un “entrenamiento” que posibilitó hacer en los diferentes entornos, los cursos. No olvidaré la emoción de ver esa iglesia llena para el evento.

Paz y yo tuvimos la oportunidad de acudir a Londres en 2013 al encuentro internacional que un par de días al año organiza Alpha en la llamada “Conferencia de Liderazgo” con las personas que en todo el mundo hacíamos el curso en las diferentes denominaciones. Aún entonces los católicos éramos minoría. Pero ya estaba allí un cardenal de nuestra iglesia, Card. Schönborn de Viena. Es verdad que a veces la terminología del curso es un poco anglófila y extraña al discurso católico, pero que eso no nos aparte de lo esencial. No en vano Alpha llegó a nuestro entorno por personas con influencias americanas e inglesas –entre las que me incluyo-. Los términos empleados corresponden a un discurso más propio de una dirección de empresas; pero eso me hace recordar cuándo hice en su momento el Máster en Dirección de Empresas por Comillas, y todo me parecía basado en valores evangélicos.

He visto muchas vidas personales cambiadas. Y de forma muy simple. Mi vida se ha llenado de rostros y del recuerdo de su transformación sesión tras sesión. No es difícil imaginar cómo las comunidades parroquiales cambian conforme se realizan cursos cuando los diferentes grupos que están en la parroquia tienen la posibilidad de compartir mesa, vida y oración entre sí. Pero por encima de todo el Curso Alpha es una pastoral para los llamados –las etiquetas siempre son inadecuadas- ALEJADOS. En realidad el curso está dirigido a “aquellos que NUNCA pisarían una iglesia”. Y requiere la colaboración del fiel cristiano para poder ofrecer e invitar al curso al resto de hermanos que comparten con nosotros el difícil camino de la vida (se dice que el 70 por ciento de los asistentes a Alpha acuden porque son invitados –y a veces acompañados- por otras personas que han hecho el curso). Hemos celebrado ya cientos de confirmaciones y algunas acompañadas de bautismos y primeras comuniones –de adultos, claro está-.

En mi opinión, el curso implica una vocación especial de hermanos que colaboran en nuestras parroquias: la de aquellos que nos sentimos insatisfechos mientras quede un sólo hermano fuera de la Mesa del Padre. “No es voluntad del Padre que uno sólo se pierda” Mt. 14, 18. La vocación por los no creyentes, aquellos que creen vivir sin vivir, porque en realidad no hay otra vida que morir a sí mismo para vivir para Dios. ¿Puede haber algo tan hermoso que Dios nos permita ser dioses en Él colaborando en su “re-creación”?. Jn. 10,34.

No es necesario que haya un curso anual en cada parroquia, pero sí que lo recomendaría en cada arciprestazgo. Además y aunque el curso no busca finalidad alguna, sí que puede ser utilizado claramente en nuestro entorno católico para adultos que desean casarse o ser padrinos sin estar confirmados y que obviamente ni tienen la motivación ni el tiempo para una evangelización en profundidad. Se puede también ofrecer a los padres mientras sus hijos realizan las catequesis de primera comunión, a los padres de los niños en los colegios, en la pastoral universitaria…

Las conversiones que se producen en adultos tienen unos efectos sorprendentes, por cuanto muchas personas terminan el curso y de repente las ves colaborando en cualquier servicio en la parroquia. Conviene resaltar que el curso es un método y no un movimiento. De forma que primero, puede ser utilizado por cualquier movimiento y segundo, no produce mas continuidad que colaborar con próximos cursos. De hecho ni siquiera puede repetirse. Si alguien desea continuar con ello ya debe ser incorporándose a las diferentes posibilidades de trabajar en los equipos. Ello obliga a la comunidad parroquial, y al sacerdote en particular, a estar receptiva y atender a las personas que puedan tener ese proceso de conversión que les sacuda su vida –imposibilitándoles en seguir viviendo como antes- al tiempo que aún no ha surgido esa “nueva vida” del creyente. Y la consiguiente búsqueda de su vocación.

Jesús sigue en medio de nosotros, tal y como prometió (Mt. 28, 23) y es Él el que sostiene a su Iglesia. Él es el que quiere encontrarse con sus hijos y darles la “Vida Eterna”. Nosotros sólo somos “siervos inútiles” (Lc. 17,10) que eso sí, vivimos la urgencia de la evangelización. Porque el Señor, en su extrema generosidad, ha puesto en nuestras manos los frutos de su entrega total para que podamos sentir el gozo de colaborar con Él, transmitiendo la buena noticia, diciendo a los no creyentes: “Venid y lo veréis” Jn. 1, 39. “Y dejándolo todo, lo siguieron” Lc. 5,1.

Dejadme que acabe con un texto de Theilhard de Chardin en su libro “Himno del Universo” que siempre leo al inicio de cada curso y que a mi me resulta revelador y motivador:

“Cuando se lee el Evangelio sin una idea preconcebida, se advierte, sin lugar a dudas, que Jesús vino a traer verdades nuevas sobre nuestro destino, no sólo una vida nueva, superior de la que nosotros tenemos conciencia, sino también y realmente un poder físico nuevo para poder actuar sobre nuestro mundo temporal.

Por no comprender la naturaleza exacta de ese poder nuevamente concedido a nuestra confianza en Dios, por indecisión ante lo que nos parece inverosímil o por temor a caer en el iluminismo, muchos cristianos desestiman este aspecto terrestre de las enseñanzas del Maestro, o, por lo menos, no se abandonan a él con la plenitud de osadía que el maestro no se ha cansado nunca de pedirnos si nos detuviéramos a escucharle.

Sin embargo, no convendría que nuestra timidez o nuestra modestia nos convirtiesen en unos malos operarios. Si realmente podemos influir en nuestra fe en Jesús en el desarrollo del Mundo, somos imperdonables si dejamos dormir en nosotros ese poder”. AMDG.