Renovando la ciudad Nuevas actividades

(David González Niñerola) Valencia está renovando su imagen. Pero esta imagen no es un mero esteticismo. Se trata de ética más que de estética. La concejalía de parques y jardines ha plantado más de mil árboles nuevos el pasado curso de 2017 y se prevén otros 425 a lo largo de este otoño e invierno. Desde septiembre el Ayuntamiento de Valencia ha iniciado la instalación de mil doscientas sesenta y tres papeleras nuevas que serán distribuidas por siete distritos de nuestra ciudad, totalmente ecológicas -fabricadas en polietileno de origen vegetal- y que ascienden a un coste presupuestario de 117.500 euros, algo que evidencia un compromiso especial de la administración por sensibilizar a nuestra ciudadanía con el cuidado medioambiental. Valencia entra así en sintonía con el espíritu de Laudato Si, del Papa Francisco.

Respetar nuestra casa común no es una simple cuestión de ecologismo superficial. Significa respetar la vida misma desde el entorno que la hace posible. En su discurso a los miembros de la Academia Pontificia para la Vida, reunida en Roma los pasados 5 y 6 de octubre bajo el lema “Acompañar la vida. Nuevas responsabilidades en la era tecnológica”, el Papa Francisco invitaba a escribir un nuevo inicio en el ethos de los pueblos y renovar nuestra conciencia eclesial para cumplir con la tarea que nos corresponda en la nueva revolución cultural que el mundo necesita. La mentalidad generacional que hemos heredado está centrada excesivamente en una soberanía humana muy desequilibrada con respecto a la realidad, que ha sufrido, más que su uso, el abuso del hombre como especie lo mismo que como individuo. No sólo es evidente una “fractura generacional” entre nosotros, sino también una violencia sistemática contra la propia realidad que nos cobija. Esta sistematicidad es rastreable en aquellos mecanismos socioeconómicos y políticos que asumimos mayoritariamente como algo estructural de un modo acrítico, sin caer en la cuenta de que podemos transformarlos porque son una creación humana. El gran peligro es mantenernos en una deriva des-creacional, o anti-creacional, en el sentido más teológico del término. No podemos legar a la posteridad nuestros errores. Para esta deconstrucción de estructuras dañinas debemos ser, en palabras del Papa Francisco, creativos y proactivos, humildes y valientes, decididos a recomponer la fractura entre las generaciones.

Esta conciencia eco-lógica, coherente con la racionalidad deseable en el trato con nuestra “casa” común (oikós), ha calado profundamente en nuestra ciudadanía. La Cruz Roja ha coordinado este verano, junto con el Ayuntamiento de Valencia, el voluntariado que han ejercido ciento diez personas para cuidar el espacio de la Devesa-Albufera y colaborar en la eliminación de malas prácticas. Entre otras actividades se han dedicado a detectar negligencias o incidencias en la zona, revisar vallados, instruir a los visitantes sobre comportamientos que podrían ser adversos a la flora y fauna local y controlar los accesos a las zonas restringidas. El 82% de los avisos detectados han sido resueltos por los mismos voluntarios, que en esta ocasión han aportado por vez primera tareas de sensibilización y contacto humano directo con los visitantes en palabras de Sergi Campillo, concejal de “Devesa-Albufera”. Efectivamente, no hay verdadera sensibilización humana sin pasar por el trato personal, de generación a generación, de persona a persona. En esta valiosísima labor los voluntarios han recogido también encuestas y sugerencias de todo tipo realizadas a los usuarios de este entorno, un paraje de alto valor biológico, científico, paisajístico y pedagógico. Felizmente, este agosto la Devesa-Albufera se ha convertido además en una escuela intergeneracional.

La anterior no ha sido la única iniciativa reseñable en nuestra comunidad acerca de la concienciación y el cuidado medioambiental. El Ayuntamiento de Valencia está desarrollando diferentes proyectos para el aprovechamiento más adecuado de la paja de arroz en el sector de la agricultura valenciana. Es importante señalar en este sentido la estrecha relación que existe entre eco-logía y eco-nomía. Las leyes que rigen nuestras prácticas sociales y económicas no pueden dejar de “solaparse” con la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno, y esta es una de las líneas maestras hermenéuticas para comprender bien el alcance de la Laudato Si. Ya en el párrafo cuarto el Papa Francisco recuerda una cita del beato Pablo VI sobre la problemática ecológica, a la que se refería como una “crisis”, una consecuencia dramática de la actividad humana descontrolada que nos autodestruye: Debido a una explotación desconsiderada de la naturaleza, [el ser humano] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación (sic). En su párrafo sexto recuerda otra invitación de Benedicto XVI en su “Discurso al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede” del 8 de enero de 2007 a eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medioambiente. Los campos valencianos se enfrentan a la manera de gestionar un residuo agrícola que resulta inconveniente tanto quemar como abandonar, y una buena forma de gestión será convertirlo en alimento para la ganadería mezclándolo con piel de naranja o la fabricación de papel y de textiles para uso agrícola. Se puede llegar a utilizar incluso para producir diferentes tipos de cultivos. Es un ejemplo perfecto de proactividad y creatividad que afonta la necesidad de una acción socioeconómica compatible con el desarrollo sostenible. Así se expresa desde la concejalía de “Agricultura, Huerta y Pueblos de Valencia”: Las buenas perspectivas de desarrollo y el gran recorrido empresarial de esta propuesta […] sustancia la idea de economía circular y a la vez puede aportar un modelo alimenticio saludable, de quilómetro cero y sostenible. Son iniciativas en la buena dirección. Recogen un concepto ineludible de Laudato Si como es el de la imitación del mismo ciclo natural, si bien será imprescindible repensar este modelo para su aplicación alternativa a nivel industrial: Nos cuesta reconocer que el funcionamiento de los ecosistemas naturales es ejemplar: las plantas sintetizan nutrientes que alimentan a los herbívoros; estos, a su vez, alimentan a los seres carnívoros, que proporcionan importantes cantidades de residuos orgánicos, los cuales dan lugar a una nueva generación de vegetales. En cambio, el sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos. Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar (Laudato Si, p. 22).