SOBRE EL ENVEJECIMIENTO A

(Francisco Ruiz. Valencia 18 de Octubre de 2017) El pasado 10 de Octubre, recibí el correo que me envió un buen amigo, en el que me proponía escribir un artículo breve, con el siguiente tema:” Su testimonio como persona mayor: ¿Para qué le está sirviendo en estos momentos la sabiduría y experiencia acumulada durante toda su vida?

El 4 de Octubre, cumplí 80 años y mi familia buscó un día para que pudieran acudir todos a celebrar el evento. El día elegido fue el 7 de Octubre, en unas alquerías de la huerta, en un lugar próximo al de mi nacimiento, similar al que conocí en mi niñez y juventud. Fuimos 50 personas de la familia.

El 10 de Octubre, mis amigos y vecinos, prepararon una fiesta sorpresa y sin salir del edificio en el que vivo actualmente, nos reunieron en la casa de uno de ellos, que convocó al resto y a nosotros, me refiero a mi esposa y a mí, para ofrecernos una auténtica velada sorpresa, con motivo de mi cumpleaños, en la que todos nos sentimos muy felices

Todos estos acontecimientos, me reafirmaron que había cumplido 80 años y al comenzar esta década, comenzaba oficialmente mi vejez.

Me sentí muy afortunado con estos eventos, al comprobar el poder de convocatoria que habían tenido las mencionadas reuniones, pero sobre todo el cariño que me mostraron en ambas.

Le conteste a mi amigo que trataría de describir lo que sentí en esta etapa de mi vida y voy a intentar hacerlo, advirtiendo que son experiencias y opiniones personales, sin la pretensión de tener las soluciones a los problemas que conlleva el envejecimiento.

Comenzaré por citar una copla que aprendí, durante mi época de Bachiller y que a pesar del tiempo transcurrido, las conservo en mi memoria. Es de Jorge Manrique a la muerte de su padre y el comienzo es:

Recuerde el alma dormida / Avive el seso y despierte / Contemplando / Como se pasa la vida / Como se llega la muerte / Tan callando / Cuan presto se va el placer / Como después de acordado / Da dolor/ Como a nuestro parecer / Cualquiera tiempo pasado / Fue mejor

Recordando esta copla pienso el poco tiempo que dedique en mi juventud a meditar sobre el envejecimiento, la vejez y la muerte, quizás porque la presentía tan lejana que no merecía atención.

Sin embargo, hoy pienso que mi vida ha transcurrido rápidamente, tanto que casi no me doy cuenta que soy mayor y preguntando a otras personas de mi edad, todas coincidimos en que el tiempo nos ha pasado volando, como se suele decir para expresar la máxima velocidad.

Las personas mayores también tenemos tendencia a recordar los tiempos pasados y a veces intentamos revivirlos, pero mi experiencia actual es que no solo se puede vivir de recuerdos y por este motivo intento llenar la vida con nuevos proyectos. A continuación os contaré alguno de los que me han producido mucha satisfacción.

Me ha parecido muy importante mantener la vida familiar. En este aspecto hay que encontrar cualquier trabajo que ayude a la familia y que por las capacidades físicas y mentales seamos capaces de realizarlo con plena garantía. El pequeño sacrificio que supone una obligación libremente aceptada ha de proporcionarte una gran satisfacción.

Acompañar a los nietos a actividades escolares o extraescolares (deportivas, musicales, idiomas, etc.), me han permitido disfrutar de muchas conversaciones, que por motivos de trabajo, no pude tener con mis hijos y que por los mismo motivos, no pudieron mis padres tener conmigo.

El hecho de contarles historias de mi vida pasada, me han hecho revivir recuerdos. Ahora me doy cuenta de lo poco que sé de la familia, por no haber tenido la oportunidad de conversar ni preguntarles, a mi abuelo o a mi padre, cosas que me gustaría saber de ellos.

Este simple hecho que considero importante, y que podréis ver si vais a las puertas de los colegios, conservatorios, instalaciones deportivas y comprobáis que hay muchas personas mayores esperando a sus nietos, significa que estamos ocupando con gran provecho, una parte importante de nuestro tiempo. Las conversaciones que se generan en estos acompañamientos, crean lazos de cariño y confianza entre dos generaciones. Personalmente recomendaría no perder esta oportunidad si se presenta.

Otro proyecto que estoy realizando en la actualidad es mantener una casa en el pueblo y una tierra, no como una forma de sacar una rentabilidad económica sino para motivar la reunión de la familia y amigos.

A la par que se consigue un espacio común a compartir, es un espacio de convivencia y educación familiar de los participantes, cuantos más mejor.

La paz y sosiego del campo, el contacto con la naturaleza y la grata convivencia con familia, amigos y habitantes del pueblo, hacen recomendable este proyecto para un envejecimiento gratificante. Esta recuperación del ambiente familiar es el que creo que ha hecho pensar al Papa Francisco sobre las posibilidades de las personas mayores, en la educación cristiana de las futuras generaciones.

Por otra parte existen muchos y muy diversos proyectos para el envejecimiento que están determinados por las capacidades y aspiraciones personales. Para todos es recomendable algún tipo de ejercicio adaptado a la edad y condiciones físicas del que va a realizarlo, que puede ser practicado individualmente o en grupo, según las preferencias de cada cual.

También existen cursos de formación o de información para personas mayores que pueden satisfacer anhelos que no pudieron ser realizados por impedimentos durante la vida laboral y algunas actividades de tipo artístico como la pintura, la música o hasta el baile, que en algunos casos se realiza también como ejercicio.

Aunque el cerebro de las personas mayores no suele estar tan dotado como el de las jóvenes para el aprendizaje, solo porque las células nerviosas de la substancia gris cerebral que van muriendo, no son repuestas de momento, los mayores están intentando el aprendizaje de informática y de idiomas, que han invadido nuestra civilización y son imprescindibles para facilitar muchas de nuestras necesidades de la vida diaria. Ya lo están intentando muchos y algunos con éxito, así que ante este nuevo reto, no hay que desanimarse. Es un reto que hay que recomendar a todo aquel que quiera intentarlo. En muchos casos encontrareis una ayuda en vuestros hijos, nietos o amigos de ellos.

Otras formas de enriquecer el envejecimiento son los viajes, con familiares o amigos, organizados y de tipo cultural, conocer lugares nuevos y gentes y con ello nuevas formas de vivir y pensar.

Finalmente y para cerrar las sugerencias expuestas de una manera muy general, pero que forman parte de una experiencia personal, me gustaría dejar una preocupación que nos atañe a todos. La población de personas mayores crece cada vez más, debido a que la esperanza de vida aumenta, gracias a los avances tecnológicos y al mismo tiempo el número de nacimientos disminuye, probablemente por la incorporación de la mujer al sistema laboral.

Deberíamos preocuparnos para que todas estas previsiones, fueran sostenibles desde el punto de vista económico, soporte que para todo es necesario y que el beneficio alcance a todas las personas mayores. Las soluciones tienen un gran componente político y por esto debemos estar todos atentos en la elección de nuestros gestores. No dejemos esta tarea en manos de terceros, como si no supiéramos qué hacer.

Con este breve artículo que no pretende más que dar a conocer mi experiencia, sin intentar aleccionar a nadie me despido de los lectores deseándoles un feliz envejecimiento.