Cine para la vida, por N. Alcover - Revista Cresol

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Cine para la vida
 
 
Norberto Alcover, SJ.
 
 
Una vez más, cine y vida
Una vez que hemos sabido que la película preferida del papa Francisco es El festín de Babette (Gabriel Axel /1989), si bien se declara poco cinéfilo, podemos preguntarnos si el mundo católico se aproxima a este arte comunicativo y audiovisual con específico interés al cabo de los años. Y la respuesta es que “bueno, qué quiere que le diga”. Arrecian las  películas realizadas por algunas productoras militantes, pero apenas conseguimos que nuestra pastoral acoja los grandes títulos que, día tras día, descubrimos en la pantalla grande, la de los cines comerciales. O también, adquiramos películas anteriores de fácil hallazgo. El cine nos inunda desde todos los ámbitos, cada vez más, sobre todo desde que se ha convertido en series excelentes y del todo punto entretenidas, pero no acabamos de introducirlo en la proclamación de la Palabra del Señor Jesús cuando nos entregamos a tantas experiencias pastorales de todo tipo. Es curioso, hemos transitado desde aquella pasión de los sesenta (que la hubo) al multiuso de los móviles e Ipad con los que viajamos por las redes con absoluta facilidad. En el camino, nos hemos dejado ese cine para la vida y desde la vida. Si bien, cada vez más vivimos vidas prestadas de medio pelo. La sociedad del “low cost” nos impone sus leyes.
 
 
  En este retorno a estas páginas, bueno será recoger unas películas estrenadas en el salto del 2017 al presente 2018, para revisionarlas con la seguridad de que serán útiles para nuestra proclamación cuaresmal y pascual, aunque pudiera parecernos lo contrario. Solamente hay que verlas en privado y después reflexionar sobre sus excelentes contenidos. Ver cine siempre es una aventura “hacia los demás”.
 
 
1. La librería, de Isabel Coixet (GB/ESP/ALEM, 2017).
  Si educar la sensibilidad es una necesidad para ser capaces de penetrar el misterio de Dios, este film de Isabel Coixet aparece como un instrumento adecuado. La historia de esa mujer (una excelente Emily Mortimer) que salta sobre prejuicios sociales a finales de los años 50, en una ciudad costera de Inglaterra, al atreverse a abrir una librería, nos aproxima a un ser humano que sueña con desempeñar un rol social inherente a su propio desarrollo personal en virtud de una especialísima sensibilidad para la lectura y su capacidad de influencia en los demás. Coixet recupera su mejor cine, domina la imagen comunicativa como casi nadie en España y es capaz de llevarnos de la mano hacia esos territorios misteriosos de las palabras en los que podemos iniciarnos para penetrar, según decíamos antes, en el misterio de Dios. Sin forzar el film, la misma historia y su forma de estar contada purifican al espectador del curioso pragmatismo que le domina. Y le incita a cierto grado de contemplación.
 
 
2. La seducción, de Sofía Coppola (USA/2017).
  La hija del maestro Coppola (El padrino/1972), nos cuenta una sorprendente historia, basada en la novela de Thomas Cullinan, sobre lo que puede suceder en un grupo familiar formado por varias mujeres jóvenes cuando llega y permanece con ellas un soldado unionista, herido y fascinante como hombre. La realizadora evita toda tensión de naturaleza inmediatamente carnal para bucear en los sentimientos diferentes de las mujeres reunidas en torno al visitante, de tal manera que amanece un auténtico curso de antropología femenina en un clima visual de sensibilidad exquisita. Otra vez recomendamos este nuevo film para ganar en “espiritualidad sensible y honda”, necesaria como plataforma para el “acceso a Dios”. Es un problema de lectura fílmica y de sugerencias inteligentes al presentar el film.
 
 
3. La vida y nada más, de Antonio Méndez Esparza (ESP/USA, 2017).
  Sin forcejeos, con serenidad narrativa y visual, el realizador español nos aproxima a la historia de una mujer (sólida Regina Williams) que se enfrenta a la educación de sus dos hijos en Florida. Nada de excitantes acontecimientos. Solamente la cotidianeidad de una mujer, como tantas otras, solamente preocupada por su responsabilidad materna en una sociedad difícil. Se trata de un neorrealismo que invade parte del cine actual, y que nos ayuda a situarnos en “lo que es” y no perdernos en renovadas ilusiones de “lo que debería ser” sin aceptar previamente la realidad. Un film para “meterse en harina”, absolutamente comprensible por toda persona, y plataforma excelente para plantear la dimensión sociológica de una vida personal. Eso tan característico del papa Francisco.
 
 
4. Wonder Wheel: La noria de Coney Island (USA/2017).
  Reconozco mi afición por los films de Woody Allen, pero es que su última realización alcanza una perfección de guión y de factura fílmica que te deja exhausto. Así, como quien no lo quiere, Allen nos sitúa en un mundo completamente cerrado sobre sí mismo en el que todas las pequeñas pasiones humanas apuntan con descarada presencia y credibilidad. Kate Winslet (al final creíble actriz) y James Belushi, entre otros/as, dibujan el perfil de esa gente, que es la mayoría de la gente, que nos rodea y para la que la trascendencia ni tan siquiera cuenta. Así, el film se transforma, sin pretenderlo pero también sin forzarlo, en un grave interrogante sobre “la condición humana”, la misma que Jesucristo vino a liberar de raíz, y que tanto nos desconcierta en la actualidad.
 
 
5. Los papeles del Pentágono, de Steven Spielberg (USA/2018).
  Una de las películas del año, si bien me parece un tanto chata a la hora de “apretar las clavijas” a los responsables de la gran mentira sobre Vietnam. Pero un excelente caldo de cultivo para dos cuestiones capitales en democracia (y en la Iglesia): la relación entre  poder mediático y poder político, y las aguas subterráneas en ese mismo poder político. En tiempos de corrupción y de mentiras periodísticas, es aleccionador  asistir al desvelamiento de aquella historia editada por el Washington Post y New York Time, que puso contra las cuerdas a Nixon, McNamara y Kissinger, hasta eliminarlos de la vida pública, en parte. Seguir las oscilaciones de Tom Hanks y de la cada vez mejor Meryl Streep, es una aventura que nos interroga sobre nuestras propias intenciones en medio de la corrupción ambiental. Si es cierto que sin conciencia no hay auténtica experiencia de Dios, este film nos lleva de la mano hasta esta constatación tan evangélica.
 
 
6. Zama, de Lucrecia Martel (Argentina/2018).
  El film más sorprendente del año, aunque faltan muchos por visionar, y seguramente uno de los más desconocidos. En el siglo XVII y en una ciudad colonia de Paraguay, un caballero español espera su probable traslado a Buenos Aires en virtud de sus méritos. Pero pasan los años y nada sucede. En este teso entreacto, descubre situaciones de corrupción política, de prepotencia sobre los indígenas, de vidas paralelas de los conquistadores, y hasta de inclementes deseos lujuriosos sobre una dama de la colonia, siempre frustrados por sus convicciones morales. Hasta que, unido a un grupo de soldados, intenta salir del pozo en que está pero acabará sumergido en los pantanos lacustres de esa fértil naturaleza que ayudará a dominar. La espera se convirtió en desastre. El caballero, en manos de los dominados. De Buenos Aires, nada de nada. Queda el misterio del agua. Y las manos cortadas. Sin más.
 
 
  Realizada con un estilazo sorprendente y fotografiada con una “belleza práctica y perturbadora”, Zama se nos ofrece casi como un experimento fílmico porque, absolutamente realista en las imágenes, consigue superarlas hasta convertirlas en sueños persistentes para comunicarnos la esencia irreal del conjunto. Un montaje minucioso soporta el conjunto de historias secundarias con solidez. Y seguro que todo espectador sensible será capaz de degustar lo que es “hacer cine” en plenitud. Sin una sola concesión al espectador.
 
  En estas imágenes, somos invitados a tres cosas: preguntarnos por nuestras propias ambiciones, objetivar la calidad de quienes nos rodean y, en fin, ser conscientes de los precios de toda aventura, por maravillosa que parezca. Puro Evangelio.
 
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  La pastoral más honda está en estas historias de vida que son historias de cine, sin más. Hay que saber leer el cine, queda claro. Pero será oportuno recordar que la cuaresma prepascual es “Una especie de película” de la vida del Señor Jesús, hasta la Muerte y la Resurrección. Palabras evangélicas, en el cine, son palabras icónicas, parecidas a la Palabra hecha Carne.
 
 
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