El simbolismo y la magia del fuego, por M. Gelabert - Revista Cresol

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EL SIMBOLISMO Y LA MAGIA DEL FUEGO
 
 
Martín Gelabert Ballester, O.P.
 
 
  El fuego puede considerarse desde distintas perspectivas, en ocasiones radicalmente contrarias: el fuego desprende luz y calor, pero también es destructor y terrorífico; da la vida y produce muerte, sirve para curar y para torturar. El fuego se ha convertido en uno de los símbolos fundamentales de los grupos humanos, símbolo del mal y del bien, del castigo y del premio. En la cultura judeocristiana está relacionado con el castigo de Dios a causa del pecado, pero también con el Espíritu Santo: sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra descendió una lluvia de fuego y azufre, mientras el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles como lengua de fuego. El fuego es también símbolo de purificación. Sin entrar en otras consideraciones teológicas, en el imaginario de muchos católicos el purgatorio se concibe como un fuego purificador, al contrario del infierno, que se concibe como un fuego torturador.
 
   En muchas culturas el fuego es motivo de fiesta, como es el caso de nuestra comunidad valenciana (Castellón, Alicante, Valencia). Cada mes de marzo en la ciudad de Valencia y en muchos pueblos de la región se celebran las fiestas falleras, mundialmente conocidas. La falla es una obra de arte destinada al fuego. Una obra de arte especial, pues prácticamente todas las fallas aluden a acontecimientos actuales de ámbito social o político. Estas alusiones están plagadas de broma e ironía, de crítica y humor, a veces escatológico. De hecho uno de los galardones que se otorgan es llamado premio de ingenio y gracia.
 
   Las formas que adopta lo humorístico en las fallas son muy heterogéneas. En muchas se encuentran referencias a personajes políticos actuales o a acontecimientos ocurridos en los últimos meses. Esta crítica, en clave de humor, pero muy explícita, tiene un tiempo limitado. Al quinto día de su exhibición las fallas son quemadas. Toda la crítica desaparece y sólo quedan cenizas. Uno se pregunta si este fuego sustitutorio podría ser algo así como un modo de superar el veneno que hay en todo conflicto y que, en ocasiones, conduce a situaciones de enemistad irreversibles.
 
  Según el libro del Levítico Israel celebraba, cada año, un día de expiación. En ese día, el Sumo sacerdote colocaba simbólicamente todos los pecados del pueblo sobre un macho cabrío, que luego era enviado al desierto para que allí muriera. Para Israel los pecados se borran o purifican con una desaparición, con una muerte. También las fallas buscan simbólicamente que desaparezca la corrupción o la mala gestión política por medio de un fuego simbólico.
 
   Israel no lograba su propósito, puesto que el pecado retornaba siempre. Tampoco las fallas logran su propósito, porque la corrupción y la mala política nunca desaparecen. Pero el simbolismo del fuego fallero podría orientar hacia una manera de resolver los problemas sociales. No por medio de un fuego destructor, sino por medio de un fuego purificador, consciente de que no logra hacer desaparecer el mal, pero sí consigue asumirlo desde el buen humor, que de alguna manera palía la tragedia que anida en todo desencuentro, en todo abuso y en toda corrupción.
 
   Las fallas tienen otras dimensiones, más evidentes que la que acabo de señalar. Incluso esta que señalo está marcada por mi propio subjetivismo. En las fallas hay sobre todo fiesta. Y detrás hay también trabajo. Puestos de trabajo. De hecho, una de las teorías más difundidas sobre el origen de las fallas es la que habla de una antigua costumbre del gremio de carpinteros de quemar trastos viejos el día de san José. Sea lo que sea de esta teoría, las fallas están directamente relacionadas con el trabajo artesanal y con un buen modo de ganarse el pan. Por eso, fallas es también dignidad humana.
 
  Finalmente, fallas es acogida de tantos turistas y visitantes que pueblan esos días nuestras calles. En este sentido, fallas es fraternidad con los de fuera y con los de dentro, con los de cerca y los de lejos. Alrededor del fuego las buenas personas se unen en corro, dándose las manos en señal de amistad, como hacen los jóvenes alrededor del fuego de campamento o hacían los antiguos humanos alrededor del fuego que les calentaba.
 
   Hay una cierta magia en el fuego. Ya he dicho que es símbolo del Espíritu Santo y es el símbolo que utilizan los místicos para referirse a la unión del alma con Dios. El fuego es símbolo de la acción de Dios en el ser humano. Por eso une al ser humano con Dios y a los humanos entre sí.
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