Veritatis Gaudium, - Revista Cresol

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Veritatis Gaudium
 
 
Javier Elzo
 
 
La bienvenida sorpresa de Veritatus Gaudium
 
  Estos últimos años, en diferentes conferencias, también en Valencia; he planteado las cuatro dimensiones que, a mi juicio, deben tener las acciones de los cristianos en el mundo. La dimensión personal, la conversión misionera en palabras de Francisco; la dimensión caritativa directa de ayuda a los más necesitados; la dimensión denunciativa de las injusticias, particularmente las estructurales y la dimensión propositiva, el denodado esfuerzo de proponer y trabajar por otra sociedad, más justa, mas convivial, más humana, en suma. Quiero subrayar aquí esta cuarta dimensión en un momento de la historia, ayuna de proyectos colectivos, de referentes holísticos capaces de afrontar, enfrentándose, a los amos del mundo en manos de grandes capitales, sin más alma que ganar más y más dinero.
 
  Hace tiempo que ya no basta con denunciar las injusticias. Las posturas meramente reivindicativas y condenatorias del ultra liberalismo financiero que nos domina no solamente no bastan. Incluso pueden ser adormideras. De conciencias inquietas si, perezosas también. Es más fácil y cómodo criticar que construir. Mal endémico de la sociedad española. Ya no es suficiente criticar sin proponer alternativas, pero que sean viables y sostenibles.
 
  Esta labor no es exclusiva del cristiano. Por supuesto. Menos aún debe pretenderse que los cristianos tienen, tenemos, una varita mágica para llevar la tarea a buen término. Pero un cristiano que pretenda serlo no puede no estar en esta labor de humanizar la sociedad, con una acción prioritaria hacia los más necesitados, denunciando las injusticias de la sociedad del Dinero y la Tecnología a su servicio (no perdamos de vista el Movimiento Transhumanista), trabajando, con otros, creyentes o no creyentes, para que la nueva sociedad no sea una quimera sino una utopía.
 
  Concluía una conferencia en Barcelona sobre la acción de la iglesia y de los cristianos en la sociedad con estas palabras que también trasladé a mi último libro: “tanta universidad, sea de Iglesia o laica, tantas entidades del Tercer Sector sean laicas o religiosas, que tengan en su ideario el bien común, debieran ser capaces de prolongar las justas reivindicaciones, trabajando, con realismo utópico, por otra sociedad más justa y humanizadora.   Es urgente e importante”. Y en estas, me encuentro con un nuevo y extraordinario texto del papa Francisco, la Constitución Apostólica Veritatis Gaudium, en cuya lectura estoy.
 
La magnifica novedad de la Veritatis Gaudium
 
  En esa Constitución sobre las universidades y facultades eclesiásticas, presentado el 29 de enero de 2018, señala Francisco, entre otras cosas, que “ha llegado el momento en el que los estudios eclesiásticos reciban esa renovación sabia y valiente que se requiere para una transformación misionera de una Iglesia «en salida»”. También se afirma que “la tarea urgente en nuestro tiempo consiste en que todo el Pueblo de Dios se prepare a emprender «con espíritu» una nueva etapa de la evangelización”. Francisco habla de la necesidad de un “compromiso generoso y convergente que lleve hacia un cambio radical de paradigma”. “Más aún —me atrevo a decir— hacia «una valiente revolución cultural»”, añade. En este empeño, la red mundial de las Universidades y Facultades eclesiásticas “está llamada a llevar la aportación decisiva de la levadura, de la sal y de la luz del Evangelio de Jesucristo y de la Tradición viva de la Iglesia, que está siempre abierta a nuevos escenarios y a nuevas propuestas”.
 
  El Papa señala, en la primera parte del documento en la que me detengo, cuatro criterios fundamentales para una renovación y un relanzamiento de la aportación de los estudios eclesiásticos a una Iglesia en salida misionera:
 
  En primer lugar, la “introducción espiritual, intelectual y existencial en el corazón del kerigma”, es decir, la siempre nueva y fascinante buena noticia del Evangelio de Jesús, «que se va haciendo carne cada vez más y mejor» en la vida de la Iglesia y de la humanidad. Siempre he pensado y escrito, hablando de los jóvenes y la fe, que era en el kerigma donde había que poner el acento, de entrada. La moral vendrá por añadidura.
 
 
  El segundo criterio en Veritatis Gaudium, está íntimamente relacionado con el anterior: es el “diálogo a todos los niveles”. El Evangelio y la doctrina de la Iglesia están llamados hoy a promover una “verdadera cultura del encuentro”, en una sinergia generosa y abierta hacia todas las instancias positivas que hacen crecer la conciencia humana universal, apunta Francisco.
 
   El tercer criterio que propone el Pontífice es la “inter- y la trans-disciplinariedad ejercidas con sabiduría y creatividad a la luz de la Revelación”. “Se trata de ofrecer, a través de los distintos itinerarios propuestos por los estudios eclesiásticos –explica Francisco en la Constitución– una pluralidad de saberes que correspondan a la riqueza multiforme de lo verdadero, a la luz proveniente del acontecimiento de la Revelación, que sea al mismo tiempo recogida armónica y dinámicamente en la unidad de su fuente trascendente y de su intencionalidad histórica y metahistórica”.
 
  En fin, el cuarto criterio se refiere a la necesidad urgente de «crear redes» entre las distintas instituciones que, en cualquier parte del mundo, cultiven y promuevan los estudios eclesiásticos, y activar con decisión las oportunas sinergias también con las instituciones académicas de los distintos países y con las que se inspiran en las diferentes tradiciones culturales y religiosas. Al mismo tiempo, señala, establecer centros especializados de investigación que promuevan el estudio de los problemas de alcance histórico que repercuten en la humanidad de hoy, y propongan pistas de resolución apropiadas y objetivas.
 
  El texto del pontífice tiene 65 páginas para leer y releer con detenimiento. Nos muestra la absoluta necesidad de una Iglesia en salida, con otro paradigma desde la profundización del kerigma central del cristianismo, esto es, con voz propia, una Iglesia proactiva, propositiva a nivel planetario, una Iglesia en red, abierta a todos, que se concreta, en este documento, en los centros de Iglesia, lo que denominan, en expresión que no considero feliz, estudios eclesiásticos, aunque abiertos a otro tipo de estudios, también de otras religiones, así como con los centros laicos. Hay que superar, decididamente, el binomio eclesiástico-laico, también el binomio sagrado-profano, sin irenismos ciertamente, cada uno desde sus posiciones, firmes y abiertas, sin caer en el sectarismo de considerarse propietarios de la única verdad.
 
Donostia San Sebastián, 26 de febrero de 2018
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